lunes, 8 de abril de 2019

LECTURA 8 DE ABRIL

SEMANA 15 DÍA 98 (1 SAMUEL 1-3)

1 SAMUEL CAPÍTULO 1

ELCANA Y SU FAMILIA

 1 Había un hombre llamado Elcana que vivía en Ramá, en la región de Zuf ubicada en la zona montañosa de Efraín. Era hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, de la tribu de Efraín.
 2 Elcana tenía dos esposas: Ana y Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no.
 3 Cada año Elcana viajaba a la ciudad de Silo para adorar al SEÑOR de los Ejércitos Celestiales y ofrecerle sacrificios en el tabernáculo. Los sacerdotes del SEÑOR en ese tiempo eran los dos hijos de Elí: Ofni y Finees.
 4 Cuando Elcana presentaba su sacrificio, les daba porciones de esa carne a Penina y a cada uno de sus hijos.
 5 Sin embargo, a Ana, aunque la amaba, sólo le daba una porción selecta porque el SEÑOR no le había dado hijos.
 6 De manera que Penina se mofaba y se reía de Ana porque el SEÑOR no le había permitido tener hijos.
 7 Año tras año sucedía lo mismo, Penina se burlaba de Ana mientras iban al tabernáculo. En cada ocasión, Ana terminaba llorando y ni siquiera quería comer.
 8 ¿Por qué lloras, Ana? —le preguntaba Elcana—. ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás desanimada? ¿Sólo por no tener hijos? Me tienes a mí, ¿acaso no es mejor que tener diez hijos?

ORACIÓN DE ANA POR UN HIJO

 9 Una vez, después de comer lo que fue ofrecido como sacrificio en Silo, Ana se levantó y fue a orar. El sacerdote Elí estaba sentado en su lugar de costumbre junto a la entrada del tabernáculo.
10 Ana, con una profunda angustia, lloraba amargamente mientras oraba al SEÑOR
11 e hizo el siguiente voto: Oh SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, si miras mi dolor y contestas mi oración y me das un hijo, entonces te lo devolveré. Él será tuyo durante toda su vida, y como señal de que fue dedicado al SEÑOR, nunca se le cortará el cabello.
12 Mientras Ana oraba al SEÑOR, Elí la observaba
13 y la veía mover los labios. Pero como no oía ningún sonido, pensó que estaba ebria.
14 —¿Tienes que venir borracha? —le reclamó—. ¡Abandona el vino!
15 —¡Oh no, SEÑOR! —respondió ella—. No he bebido vino ni nada más fuerte. Pero como estoy muy desanimada, derramaba ante el SEÑOR lo que hay en mi corazón.
16 ¡No piense que soy una mujer perversa! Pues he estado orando debido a mi gran angustia y a mi profundo dolor.
17 —En ese caso —le dijo Elí—, ¡ve en paz! Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.
18 —¡Oh, muchas gracias! —exclamó ella. Así que se fue, comenzó a comer de nuevo y ya no estuvo triste.

NACIMIENTO Y DEDICACIÓN DE SAMUEL

19 Temprano a la mañana siguiente, la familia se levantó y una vez más fue a adorar al SEÑOR. Después regresaron a su casa en Ramá. Ahora bien, cuando Elcana se acostó con Ana, el SEÑOR se acordó de la súplica de ella,
20 y a su debido tiempo dio a luz un hijo a quien le puso por nombre Samuel, porque dijo: Se lo pedí al SEÑOR.
21 Al año siguiente, Elcana y su familia hicieron su viaje anual para ofrecer sacrificio al SEÑOR.
22 Pero Ana no los acompañó y le dijo a su esposo: —Esperemos hasta que el niño sea destetado. Entonces lo llevaré al tabernáculo y lo dejaré allí con el SEÑOR para siempre.
23 —Haz lo que mejor te parezca —acordó Elcana—. Quédate aquí por ahora, y que el SEÑOR te ayude a cumplir tu promesa. Así que ella se quedó en casa y amamantó al niño hasta que lo destetó.
24 Cuando el niño fue destetado, Ana lo llevó al tabernáculo en Silo. Ellos llevaron un toro de tres años para el sacrificio, una canasta de harina y un poco de vino.
25 Después de sacrificar el toro, llevaron al niño a Elí.
26 SEÑOR, ¿se acuerda de mí? —preguntó Ana—. Soy la mujer que estuvo aquí hace varios años orando al SEÑOR.
27 Le pedí al SEÑOR que me diera este niño, y él concedió mi petición.
28 Ahora se lo entrego al SEÑOR, y le pertenecerá a él toda su vida. Y allí ellos adoraron al SEÑOR.

1 SAMUEL CAPÍTULO 2

ORACIÓN DE ALABANZA DE ANA

 1 Luego Ana oró: ¡Mi corazón se alegra en el SEÑOR! El SEÑOR me ha fortalecido. Ahora tengo una respuesta para mis enemigos; me alegro porque tú me rescataste.
 2 ¡Nadie es santo como el SEÑOR! Aparte de ti, no hay nadie; no hay Roca como nuestro Dios.
 3 ¡Dejen de ser tan orgullosos y altaneros! ¡No hablen con tanta arrogancia! Pues el SEÑOR es un Dios que sabe lo que han hecho; él juzgará sus acciones.
 4 El arco de los poderosos está quebrado, y los que tropezaban ahora son fuertes.
 5 Los que estaban bien alimentados ahora tienen hambre, y los que se morían de hambre ahora están saciados. La mujer que no podía tener hijos ahora tiene siete, y la mujer con muchos hijos se consume.
 6 El SEÑOR da tanto la muerte como la vida; a unos baja a la tumba y a otros levanta.
 7 El SEÑOR hace a algunos pobres y a otros ricos; a unos derriba y a otros levanta.
 8 Él levanta al pobre del polvo y al necesitado del basurero. Los pone entre los príncipes y los coloca en los asientos de honor. Pues toda la tierra pertenece al SEÑOR, y él puso en orden el mundo.
 9 Él protegerá a sus fieles, pero los perversos desaparecerán en la oscuridad. Nadie tendrá éxito sólo por la fuerza.
10 Los que pelean contra el SEÑOR, serán destrozados. Él retumba contra ellos desde el cielo; el SEÑOR juzga en toda la tierra. Él da poder a su rey; aumenta la fuerza de su ungido.
11 Después Elcana regresó a su casa en Ramá sin Samuel, y el niño servía al SEÑOR como ayudante del sacerdote Elí.

LOS HIJOS PERVERSOS DE ELÍ

12 Ahora bien, los hijos de Elí eran unos sinvergüenzas que no le tenían respeto al SEÑOR
13 ni a sus obligaciones sacerdotales. Cada vez que alguien ofrecía un sacrificio, los hijos de Elí enviaban a un sirviente con un tenedor grande de tres dientes. Mientras la carne del animal sacrificado aún se cocía,
14 el sirviente metía el tenedor en la olla y exigía que todo lo que sacara con el tenedor fuera entregado a los hijos de Elí. Así trataban a todos los israelitas que llegaban a silo para adorar.
15 Algunas veces el sirviente llegaba aun antes de que la grasa del animal fuera quemada sobre el altar. Exigía carne cruda antes de que hubiera sido cocida, para poder asarla.
16 si el hombre que ofrecía el sacrificio respondía: Toma toda la que quieras, pero sólo después de quemarse la grasa, el sirviente insistía: No, dámela ahora o la tomaré por la fuerza.
17 Así que el pecado de estos jóvenes era muy serio ante los ojos del SEÑOR, porque trataban las ofrendas del SEÑOR con desprecio.
18 Pero Samuel, aunque era sólo un niño, servía al SEÑOR; vestía una túnica de lino como la del sacerdote.
19 Cada año su madre le hacía un pequeño abrigo y se lo llevaba cuando iba con su esposo para el sacrificio.
20 Antes de que ellos regresaran a su casa, Elí bendecía a Elcana y a su esposa diciendo: Que el SEÑOR les dé otros hijos para que tomen el lugar de este que ella entregó al SEÑOR.
21 Entonces el SEÑOR le dio a Ana tres hijos y dos hijas. Entre tanto, Samuel crecía en la presencia del SEÑOR.
22 Ahora bien, Elí era muy viejo, pero estaba consciente de lo que sus hijos le hacían al pueblo de Israel. Por ejemplo, sabía que sus hijos seducían a las jóvenes que ayudaban a la entrada del tabernáculo.
23 Elí les dijo: He oído lo que la gente dice acerca de las cosas perversas que ustedes hacen. ¿Por qué siguen pecando?
24 ¡Basta, hijos míos! Los comentarios que escucho del pueblo del SEÑOR no son buenos.
25 Si alguien peca contra otra persona, Dios puede mediar por el culpable. Pero si alguien peca contra el SEÑOR, ¿quién podrá interceder? Sin embargo, los hijos de Elí no hicieron caso a su padre, porque el SEÑOR ya había decidido quitarles la vida.
26 Mientras tanto, el niño samuel crecía en estatura física y en el favor del SEÑOR y en el de toda la gente.

ADVERTENCIA PARA LA FAMILIA DE ELÍ

27 Cierto día un hombre de Dios vino a Elí y le dio el siguiente mensaje del SEÑOR: Cuando el pueblo de Israel era esclavo en Egipto, yo me revelé a tus antepasados.
28 Elegí a tu antepasado Aarón de entre todas las tribus de Israel para que fuera mi sacerdote, ofreciera sacrificios sobre mi altar, quemara incienso y vistiera el chaleco sacerdotal, cuando me servía. Y les asigné las ofrendas de los sacrificios a ustedes, los sacerdotes.
29 Entonces, ¿por qué menosprecian mis sacrificios y ofrendas? ¿Por qué les das más honor a tus hijos que a mí? ¡Pues tú y ellos han engordado con lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel!
30 Por lo tanto, el SEÑOR, Dios de Israel, dice: prometí que los de tu rama de la tribu de Leví me servirían siempre como sacerdotes. Sin embargo, honraré a los que me honran y despreciaré a los que me menosprecian.
31 Llegará el tiempo cuando pondré fin a tu familia para que ya no me sirva como sacerdotes. Todos los miembros de tu familia morirán antes de tiempo; ninguno llegará a viejo.
32 Con envidia mirarás cuando derrame prosperidad sobre el pueblo de Israel, pero ningún miembro de tu familia jamás cumplirá sus días.
33 Los que sobrevivan llevarán una vida de tristeza y dolor, y sus hijos morirán de muerte violenta.
34 Y para comprobar que lo que dije se hará realidad, ¡haré que tus dos hijos, Ofni y Finees, mueran el mismo día!
35 Entonces levantaré a un sacerdote fiel, quien me servirá y hará lo que yo deseo. Estableceré para él una descendencia duradera, y ellos serán por siempre sacerdotes para mis reyes ungidos.
36 Así pues, todos los que sobrevivan de tu familia se inclinarán ante él, mendigando dinero y comida. Dirán: «Le rogamos que nos dé trabajo entre los sacerdotes para que tengamos suficiente para comer».

1 SAMUEL CAPÍTULO 3

EL SEÑOR HABLA A SAMUEL

 1 Mientras tanto, el niño Samuel servía al SEÑOR ayudando a Elí. Ahora bien, en esos días los mensajes del SEÑOR eran muy escasos y las visiones eran poco comunes.
 2 Una noche, Elí, que para entonces estaba casi ciego, ya se había acostado.
 3 La lámpara de Dios aún no se había apagado, y Samuel estaba dormido en el tabernáculo cerca del arca de Dios.
 4 De pronto el SEÑOR llamó: —¡Samuel! —Sí —respondió Samuel—. ¿Qué quiere?
 5 Se levantó y corrió hasta donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé —dijo Elí—. Vuelve a la cama. Entonces, Samuel se volvió a acostar.
 6 Luego, el SEÑOR volvió a llamar: —¡Samuel! Nuevamente Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? —Yo no te llamé, hijo mío —respondió Elí—. Vuelve a la cama.
 7 Samuel todavía no conocía al SEÑOR, porque nunca antes había recibido un mensaje de él.
 8 Así que el SEÑOR llamó por tercera vez, y una vez más Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí. —Aquí estoy. ¿Me llamó usted? En ese momento Elí se dio cuenta de que era el SEÑOR quien llamaba al niño.
 9 Entonces le dijo a Samuel: —Ve y acuéstate de nuevo y, si alguien vuelve a llamarte, di: «Habla, SEÑOR, que tu siervo escucha». Así que Samuel volvió a su cama.
10 Y el SEÑOR vino y llamó igual que antes: —¡Samuel! ¡Samuel! Y Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha.
11 Entonces el SEÑOR le dijo a Samuel: —Estoy por hacer algo espantoso en Israel.
12 Llevaré a cabo todas mis amenazas contra Elí y su familia, de principio a fin.
13 Le advertí que viene juicio sobre su familia para siempre, porque sus hijos blasfeman a Dios y él no los ha disciplinado.
14 Por eso juré que los pecados de Elí y los de sus hijos jamás serán perdonados ni por medio de sacrificios ni ofrendas.

SAMUEL, VOCERO DEL SEÑOR

15 Entonces Samuel se quedó en la cama hasta la mañana; luego se levantó y abrió las puertas del tabernáculo, como de costumbre. Tenía miedo de contarle a Elí lo que el SEÑOR le había dicho.
16 Pero Elí lo llamó: —Samuel, hijo mío. —Aquí estoy —respondió Samuel.
17 —¿Qué te dijo el SEÑOR? Dímelo todo. ¡Y que el SEÑOR te castigue, y aun te mate, si me ocultas algo!
18 Entonces Samuel le contó todo a Elí; no le ocultó nada. —Es la voluntad del SEÑOR —respondió Elí—. Que él haga lo que mejor le parezca.
19 El SEÑOR estaba con Samuel mientras crecía, y todo lo que Samuel decía se cumplía.
20 Entonces todo Israel, desde Dan en el norte hasta Beerseba en el sur, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del SEÑOR.
21 El SEÑOR siguió apareciéndose en Silo y le daba mensajes a Samuel allí en el tabernáculo.


REFLEXIÓN

NO MENOSPRECIEMOS A DIOS
Entonces, ¿por qué menosprecian mis sacrificios y ofrendas? ¿Por qué les das más honor a tus hijos que a mí? ¡Pues tú y ellos han engordado con lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel! (1 Samuel 2:29)

Aquí esta la evidencia de cuando Dios mismo advierte en Malaquías acerca de la ofrenda, sobre quien ha robado ha Dios no solo lo hacen los que no ofrendan sino que también están involucrados los que la administran. No ofrendar o administrar mal, es menospreciar a Dios mismo. La ofrenda que damos es de Dios, no de la personas, ni de la iglesia, ni de ninguna institución, ni mucho menos de alguien en particular; siempre debemos preguntar al dueño de la ofrenda dónde, cómo, cuándo gastarla y no a criterio de nadie. No nos encontremos menospreciando a Dios.

ORACIÓN

Mi Dios que siempre tenga claro aquellas acciones que hacen menospreciarte, para que nunca las lleve a cabo. Amén.




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