domingo, 28 de junio de 2015

LECTURA 28 DE JUNIO

DÍA 179

28 DE JUNIO (SALMOS 75:1-78:72)

SALMO 75

LA COPA DEL JUICIO FINAL

(Al músico principal. Sobre "No destruyas". Salmo de Asaf. Cántico)

1 ¡Gracias te damos, oh Dios;
damos gracias!
Porque cercano está tu nombre;
se cuenta de tus maravillas.

2 "Cuando yo establezca el tiempo,
juzgaré con rectitud.
3 Cuando se derrita la tierra con todos sus habitantes,
yo mismo sostendré sus
columnas.      (Selah)
4 Dije a los jactanciosos: ’No os jactéis.’
Y a los impíos: ’No os enorgullezcáis.
5 No levantéis en alto vuestra frente,
ni habléis con el cuello erguido.’ "
6 Porque ni del oriente, ni del occidente,
ni del desierto viene el enaltecimiento.
7 Pues Dios es el Juez:
A éste abate y a aquél exalta.
8 Ciertamente la copa está en la mano de Jehovah,
con vino espumante mezclado con especias.
Cuando él la vacíe,
todos los impíos de la tierra beberán de ella hasta la última gota.

9 Pero yo siempre anunciaré
y cantaré salmos al Dios de Jacob.
10 El quebrantará todo el poderío de los impíos;
pero el poderío del justo será exaltado.

SALMO 76

MANIFESTACIÓN DEL DIOS TEMIBLE

(Al músico principal. Con Neguinot. Salmo de Asaf. Cántico)

1 Dios es conocido en Judá;
grande es su nombre en Israel.
2 En Salem está su enramada,
y en Sion su habitación.
3 Allí quebró las ráfagas del arco,
el escudo, la espada y el arma de
guerra.      (Selah)
4 ¡Esplendoroso eres tú,
majestuoso más que las montañas eternas!
5 Los hombres de gran valentía
fueron despojados y duermen su sueño;
ninguno de los hombres de guerra pudo usar sus manos.
6 A tu reprensión, oh Dios de Jacob,
fueron paralizados el carro y el caballo.

7 Temible eres tú;
¿quién podrá permanecer en tu presencia cuando se desate tu ira?
8 Desde los cielos hiciste oír el juicio.
La tierra tuvo temor y calló
9 cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar,
cuando te levantaste para librar a todos los mansos de la tierra.      (Selah)
10 Ciertamente la ira del hombre te traerá reconocimiento,
y te ceñirás con los sobrevivientes de las iras.

11 Haced votos y pagadlos a Jehovah, vuestro Dios;
todos los que están alrededor traerán obsequios al Temible.
12 El humillará el espíritu de los príncipes;
¡temible es a los reyes de la tierra!

SALMO 77

RECUERDOS DEL ÉXODO

(Al músico principal. Para Jedutún. Salmo de Asaf)

1 Mi voz elevo a Dios y clamo;
mi voz elevo a Dios, y él me escucha.
2 A Dios busco en el día de mi angustia.
Sin cesar extiendo a él mis manos en la noche;
mi alma rehúsa el consuelo.
3 Me acuerdo de Dios y gimo;
medito, y mi espíritu
desfallece.      (Selah)
4 Tú retienes los párpados de mis ojos;
estoy turbado y no puedo hablar.
5 Considero los días de antaño,
los años antiguos.
6 Recuerdo mi canto en la noche.
Medito en mi corazón,
y mi espíritu investiga.

7 ¿Acaso nos desechará el Señor para siempre?
¿Ya no volverá a ser propicio?
8 ¿Se ha agotado para siempre su misericordia?
¿Se han acabado sus promesas por generación y generación?
9 ¿Se ha olvidado de ser clemente?
¿En su ira ha cerrado su
compasión?      (Selah)
10 Y pienso: Mi tristeza es que haya cambio
en la diestra del Altísimo.
11 Me acuerdo de las obras de Jehovah;
sí, me acuerdo de tus maravillas del pasado.
12 Medito en todos tus hechos,
y reflexiono en tus actos.
13 Oh Dios, santo es tu camino.
¿Qué Dios es grande como nuestro Dios?
14 Tú eres un Dios que hace maravillas;
has hecho conocer tu poder entre los pueblos.
15 Con tu brazo has redimido a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.      (Selah)

16 Las aguas te vieron, oh Dios;
las aguas te vieron y temblaron.
Se estremecieron los abismos.
17 Los nubarrones vertieron sus aguas;
tronaron las nubes;
también se desplazaron tus rayos.
18 El tronar de tu voz estaba en el torbellino;
los relámpagos alumbraron al mundo;
la tierra se estremeció y tembló.
19 Tu camino estaba en el mar,
y tu sendero en las caudalosas aguas.
Pero tus huellas nadie las pudo conocer.
20 Como a un rebaño has conducido a tu pueblo
por medio de Moisés y de Aarón.

SALMO 78

LECCIONES DE LA HISTORIA DE ISRAEL

(Masquil de Asaf)

1 Escucha, oh pueblo mío, mi ley;
inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
2 Abriré mi boca en parábolas;
evocaré las cosas escondidas del pasado,
3 las cuales hemos oído y entendido,
porque nos las contaron nuestros padres.
4 No las encubriremos a sus hijos.
A la generación venidera contaremos las alabanzas de Jehovah, y de su poder
y de las maravillas que hizo.

5 El estableció su testimonio en Jacob
y puso la ley en Israel.
Mandó a nuestros padres que lo hicieran conocer a sus hijos,
6 para que lo supiese la generación venidera y sus hijos que nacieran,
para que los que surgiesen lo contaran a sus hijos,
7 para que pusiesen en Dios su confianza
y no se olvidaran de las obras de Dios,
a fin de que guardasen sus mandamientos;
8 para que no fuesen como sus padres:
una generación porfiada y rebelde,
una generación que no dispuso su corazón,
ni su espíritu fue fiel para con Dios.

9 Los hijos de Efraín, armados con excelentes arcos,
volvieron las espaldas en el día de la batalla.
10 No guardaron el pacto de Dios
y rehusaron andar en su ley.
11 Más bien, se olvidaron de sus obras,
de las maravillas que les había mostrado.
12 Delante de sus padres Dios hizo maravillas
en la tierra de Egipto,
en los campos de Tanis.
13 Dividió el mar y los hizo pasar;
hizo que las aguas se detuvieran como en un dique.
14 De día los condujo con una nube,
toda la noche con resplandor de fuego.
15 Partió las peñas en el desierto,
y les dio a beber del gran abismo.
16 Sacó corrientes de la peña
e hizo descender aguas como ríos.

17 A pesar de esto,
volvieron a pecar contra él;
se rebelaron contra el Altísimo en el desierto.
18 Probaron a Dios en su corazón,
pidiendo comida a su antojo.
19 Y hablaron contra Dios diciendo:
"¿Podrá preparar una mesa en el desierto?
20 He aquí que golpeó la peña,
y fluyeron aguas;
y corrieron arroyos en torrentes.
Pero, ¿podrá también dar pan?
¿Podrá proveer carne para su pueblo?"

21 Jehovah lo oyó y se indignó;
fuego se encendió contra Jacob,
y la ira descendió contra Israel.
22 Porque no creyeron a Dios,
ni confiaron en su liberación,
23 a pesar de que mandó a las nubes de arriba,
y abrió las puertas de los cielos;
24 a pesar de que hizo llover sobre ellos maná para comer,
y les dio trigo del cielo.
25 Pan de fuertes comió el hombre;
les envió comida hasta saciarles.
26 Levantó en el cielo el viento del oriente,
y trajo el viento del sur con su poder.
27 Así hizo llover sobre ellos carne como polvo,
aves aladas como la arena del mar.
28 Las hizo caer en medio del campamento,
alrededor de sus tiendas.
29 Comieron hasta hartarse;
les dio satisfacción a su apetito.
30 Pero cuando no habían colmado su apetito,
estando la comida aún en sus bocas,
31 descendió sobre ellos la ira de Dios,
y mató a los más distinguidos de ellos;
derribó a los escogidos de Israel.

32 Con todo, siguieron pecando
y no dieron crédito a sus maravillas.
33 Por eso los consumió en la vanidad,
y consumió sus años con pánico.
34 Cuando los hacía morir,
entonces buscaban a Dios,
y solícitos volvían a acercarse a él.
35 Se acordaron de que Dios es su Roca;
de que el Dios Altísimo es su Redentor.
36 Pero le halagaban con la boca,
y con su lengua le mentían.
37 Pues sus corazones no eran firmes para con él,
ni eran fieles con su pacto.

38 Con todo, él perdonaba misericordioso la maldad y no los destruía.
En muchas ocasiones apartó su ira
y no despertó todo su enojo.
39 Se acordó de que ellos eran carne,
un soplo que va y no vuelve.
40 ¡Cuántas veces lo amargaron en el desierto;
lo entristecieron en la sequedad!
41 Volvían a probar a Dios,
e irritaban al Santo de Israel.

42 No se acordaron de su mano
en el día que los redimió del adversario,
43 cuando impuso en Egipto sus señales
y sus maravillas en los campos de Tanis.
44 Convirtió en sangre sus canales;
también sus corrientes, para que no bebiesen.
45 Envió contra ellos enjambres de moscas que los devoraban,
y ranas que los infestaban.
46 También entregó sus productos a la oruga,
y el fruto de sus labores a la langosta.
47 Sus viñas destruyó con granizo
y sus higuerales con aluvión.
48 Entregó los animales al granizo,
y sus ganados a los rayos.
49 Envió sobre ellos el furor de su ira,
enojo, indignación y angustia,
como delegación de mensajeros destructores.
50 Dio vía libre a su furor;
no eximió sus almas de la muerte;
sus vidas entregó a la epidemia.
51 Hirió a todos los primogénitos de Egipto,
primicias del vigor de las tiendas de Cam.

52 Pero hizo que su pueblo partiera cual manada
y los llevó por el desierto cual rebaño.
53 Los guió con seguridad,
para que no tuvieran miedo;
y el mar cubrió a sus enemigos.
54 Después los trajo al territorio de su santuario;
a este monte que adquirió con su diestra.
55 Arrojó a las naciones de delante de ellos,
les repartió a cordel la heredad,
e hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel.

56 Pero pusieron a prueba al Dios Altísimo y lo amargaron,
y no guardaron sus testimonios.
57 Más bien, se volvieron atrás
y se rebelaron como sus padres.
Se desviaron como arco engañoso.
58 Lo airaron con sus lugares altos,
y con sus imágenes le provocaron a celos.

59 Dios lo oyó y se encendió en ira;
en gran manera rechazó a Israel.
60 Abandonó el tabernáculo de Silo,
la tienda en que habitó entre los hombres.
61 Entregó su poderío a la cautividad;
y su gloria, en manos del enemigo.
62 También entregó su pueblo a la espada;
se airó contra su posesión.
63 El fuego devoró a sus jóvenes;
sus vírgenes no fueron alabadas.
64 Sus sacerdotes cayeron a espada,
y sus viudas no hicieron lamentación.

65 Entonces se despertó el Señor,
a la manera del que duerme,
como un guerrero que grita excitado por el vino.
66 E hirió a sus enemigos haciéndolos retroceder,
y los puso como afrenta perpetua.

67 Desechó la tienda de José;
no escogió a la tribu de Efraín.
68 Más bien, escogió a la tribu de Judá;
el monte Sion, al cual amó.
69 Allí edificó su santuario como las alturas;
como la tierra, a la cual cimentó para siempre.

70 Eligió a su siervo David;
lo tomó de los rediles de las ovejas.
71 Lo trajo de detrás de las ovejas recién paridas,
para que apacentase a su pueblo Jacob,
a Israel su heredad.
72 Los apacentó con íntegro corazón;
los pastoreó con la pericia de sus manos.


APRENDIENDO A ESCUCHAR Y RECONOCER LA VOZ DE DIOS


REFLEXIÓN

Escucha, oh pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. (Salmo 78:1)

Las palabras de Dios son ley, no es que haya una ley especial que no diga lo que Dios es y quiere de nosotros. Sino todo lo que sale de su boca es ley, todo lo que Dio dice tiene un propósito para nosotros. Así que debemos de prestar atención a sus palabras y mandamientos, para que podamos obedecer y cumplir con sus ordenanzas. También tenemos que tener mucho cuidado de andar diciendo cualquier cosa, y pretender decir que eso salió de la boca de Dios. Dios es un Dios celoso, sus palabras son sagradas, sus dichos son santos, cuidemos de querer pretender ser la voz de Dios cuando en realidad no ha dicho nada o no ha mandado a decir tal cosa. Pero también nos insta a reconocer su voz, y cumplir a cabalidad con sus ordenanzas. En ese sentido también son santas y sagradas sus palabras.

ORACIÓN

Mi Señor dame entendimiento para reconocer tus palabras, lo que ordenas que se haga. Que siempre pueda escuchar y entender lo que dices, y que pueda obedecer a cabalidad tus palabras. Amén.





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